Peor con mamá

Puede que te resulten familiares situaciones de rabieta de tus hijos por no querer comer, ponerse la ropa o bañarse, situaciones que se repiten generalmente cuando los pequeños se encuentran ante la presencia de la madre, porque si están a cargo de cuidadores, de los abuelos o incluso de los papás, estos comportamientos se atenúan. Son formas de actuar propias de los niños a estas edades y que tienen una explicación que vamos a resolver en esta nueva entrada.

Cuando las mamás están fuera de casa y dejan a sus hijos a cargo de otras personas, al regresar enseguida preguntamos cómo se han portado los niños y, por lo general, la respuesta siempre suele ser que se han portado estupendamente. Es entonces cuando nos preguntamos porqué siempre tienen que dar la nota con nosotras si con los demás suelen ser muy correctos.

Al contrario de lo que nos pueda parecer, se trata de un comportamiento típico de los niños al estar aprendiendo a controlar sus emociones y expresarlas, los pequeños ven en la figura de su madre un lugar seguro para experimentar y poder ser ellos mismos, por eso es importante ponerles límites.

Tendemos a pensar que ese comportamiento se debe a que pasamos más tiempo junto a nuestros hijos que cualquier otra persona, incluso su propio padre, a que quieren llamar la atención o porque les consentimos más, pero la verdad es que para los pequeños la figura de la madre es su puerto seguro, se sienten más cómodos estando contigo  por el fuerte vínculo que se crea entre madre e hijo y porque saben que, a pesar de que les regañes y les castigues en un momento dado, siempre vas a estar ahí para ayudarles y protegerles.

Es probable que la respuesta radique en la confianza que una madre le da a su hijo y al espacio seguro que seguro que se crea entre ellos, en concreto existen dos teorías la respecto de los cambios de comportamiento del niño en función de con quién esté:

-Confianza: Los niños pasan más tiempo con la madre, lo que genera una confianza hacia ti mucho mayor que con cualquier otra persona de su entorno. Esta relación de confianza hace que relajen su conducta y den rienda suelta a sus emociones. 

-Demanda de atención: Los hijos, sobre todo a edades tempranas, no quieren molestar a propósito ni planean estrategias para sacarnos de quicio, ciertas reacciones como llorar, patalear o gritar son simplemente una llamada de atención hacia la madre. Necesitan de todo el cariño y afecto que se les pueda dar.

Sin embargo, a pesar de lo que cabría esperarse y como hemos venido explicando, la cosa cambia cuando las órdenes son dadas por una voz diferente a la de la madre, ya que los niños responden de manera más positiva y no se emberrinchan ni encabezonan tanto. Es más, hasta con sus propios padres los niños se suelen comportar de otra manera, ya que en la figura paterna los pequeños buscan otras cosas como diversión, aventuras, juegos, experiencias o consejos. Las madres, en general, son esa protección que los niños asocian de forma innata con la supervivencia.

En definitiva, los niños buscan consuelo y siempre lo buscarán en su madre, porque en ellas encuentran ese abrazo cuando tienen una pesadilla, ese beso cuando se han caído o esas palabras de aliento cuando fallan en algo.

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