Niños y medicinas

Llegan los meses de frío y con ellos es más probable que nuestros peques contraigan resfriados o se pongan malitos. Además de la preocupación por ver a nuestros hijos pasándolo mal, también supone un quebradero de cabeza para los padres porque, por lo general, a los niños les cuesta mucho tomarse los medicamentos y suelen montar un espectáculo a la hora de tener que ingerirlos. Por eso, en la entrada de hoy vamos a dar unas técnicas y truquitos para conseguir que los pequeños se tomen las medicinas sin protestar.

El rechazo infantil a los medicamentos es algo normal, por lo que no debemos alterarnos en demasía ni obligarles a la fuerza porque será peor tanto para ellos como para nosotros, siempre va a existir algún truco para facilitarles la ingesta de los medicamentos sin que sufran.

De todas maneras, hay que tener en cuenta que un niño de 1 o 2 años es inquieto por naturaleza y tampoco puede entender todavía lo importante que es para su salud que se tome el jarabe o que se deje untar esa pomada que les huele tan mal. Además, también debemos tener en cuenta que están enfermos y cuando uno está malo no tiene ganas de nada, sobre todo los niños que lo suelen exteriorizar de diferentes formas y una de ellas es rechazando cualquier cosa que se les ofrezca y más si son medicinas, que no suelen ser muy agradables.

El médico puede recetarte los medicamentos para tu hijo en diferentes formatos como las gotas, los jarabes, los supositorios, la pomada o las pastillas, medicinas que se suministran de distinto modo y que pueden tolerar los pequeños mejor o peor, por lo que con estas indicaciones trataremos de hacerles más llevadera la ingesta de medicinas, que tanto trabajo les cuesta en la mayoría de los casos:

-Gotas: Cuando son muy pequeños quizás los niños no entiendan bien lo que les queremos decir, pero si que se mostraran receptivos ante el tono tranquilizador de la voz de sus padres, por lo que hay que intentar mantener la calma y actuar con movimientos decididos para poder suministrarles las gotas en apenas un instante. Puede que rechisten en un primer momento, pero enseguida recuperarán la sonrisa y ya habremos cumplido con nuestro cometido.

-Jarabe: A la hora de dar un jarabe a los niños debemos utilizar la cucharilla, en cuentagotas o la jeringuilla apropiada para su administración y que, por lo general, suelen venir en el propio envase del medicamento. No es recomendable sustituirlo porque la medida tiene que ser lo más exacta posible.

Una vez hecho esto llega el temido momento de que el niño se lo tome, si lo vamos a hacer con una jeringuilla podemos cogerlo en brazos como si fuéramos a darle el biberón, le inclinamos la cabeza hacia el pecho y le introducimos la jeringa por un lado de la boca a la vez que lo mesemos para darle tranquilidad. En cambio, si vamos a usar una cuchara, debemos sujetar la mano libre del niño para evitar que nos de un manotazo y después bajamos ligeramente su barbilla, introducimos la cuchara sobre el labio inferior y volcamos poco a poco el jarabe.

-Supositorios: Cada vez se recetan menos, ya que la medicina se absorbe mejor oralmente y además no irrita el culito del niño. Sin embargo, hay casos en los que el supositorio puede ser la mejor opción cuando el niño se niega por completo a beberse el jarabe o a tomarse la pastilla. Así, para facilitar su aplicación podemos impregnar el supositorio con vaselina o aceite de oliva para que entre más fácil y le resulte menos molesto al pequeño.

-Pomada: Se utilizan a menudo para tratar los problemas cutáneos pero hay que tener cuidado porque la piel del niño es muy delicada y algunas pomadas contienen productos que pueden hacerle daño, por lo que debemos seguir a rajatabla las indicaciones del pediatra o del dermatólogo.

-Pastillas: Las pastillas infantiles cada vez tienen menos uso y están dejando paso a las medicinas líquidas cuya administración en niños suele ser más sencilla. Aún así, si nos recetan una pastilla para nuestro pequeño, a la hora de suministrárselas conviene dárselas machadas en una cuchara y mezcladas con un poco de agua para facilitar su toma. Esta opción es mejor que echárselas en el biberón, ya que si no se lo acaba no sabremos con seguridad si se ha tomado toda la dosis, además, corremos el riesgo de que asocie el biberón con el sabor de la pastilla y lo aborrezca.

En definitiva, cuando un niño está enfermo lo exterioriza de diversas maneras y esto incluye a menudo el rechazo sistemático a cualquier cosa que se le ofrezca, por lo que debemos tenerlo en cuenta y tener paciencia, ya que perder los nervios solo empeorará las cosas. 

 

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