Salir de la rutina

Las fiestas y las vacaciones, como las navidades que hemos dejado atrás hace unos días, nos hacen variar un poco nuestras rutinas y también las de nuestros pequeños, por eso quizás nos resulte familiar algunas situaciones en las que están que no se aguantan. Aunque a veces sea desesperante, son reacciones normales, a los niños también les descoloca tanto trastorno de días y aún más cuando ya están acostumbrados a una rutina diaria, por eso es fundamental para su equilibrio emocional y físico adquirir unos buenos hábitos de alimentación, descanso e higiene.

Están insoportables, inaguantables, necesitan una siesta... Son algunas de las expresiones más comunes que solemos decir cuando nuestros hijos nos colman la paciencia porque están que no se aguantan o excesivamente caprichosos, situaciones que se agudizan cuando salen de su rutina habitual como ha podido ocurrir durante las pasadas fechas navideñas. Por eso, con esta nueva entrada vamos a tratar de dar unos consejos para gestionar estas situaciones.

A pesar de que el entretenimiento, la diversión y la espontaneidad forman parte del día a día de un niño, también es de vital importancia para su equilibrio emocional y físico la adquisición de unos buenos hábitos de alimentación, descanso e higiene.

La adquisición de estos hábitos saludables se establecen a través de lo que denominamos rutinas, que consiste en la repetición de actos cotidianos que darán al niño la seguridad y el orden que necesita para mantenerse en equilibrio y lo que es más importante, feliz.

Por lo general estos hábitos son fáciles de mantener durante todo el año, pero ante fechas concretas de más trastornos como navidades, vacaciones o viajes, que les sacan de su rutina habitual, los peques pueden sentirse inseguros al salir de su espacio de confort.

Cuando es el hábito de sueño el que se ve afectado, podemos encontrar en el niño diversas consecuencias en su comportamiento, de manera que si hay una alteración en su descanso, el resultado será también una alteración a nivel conductual y emocional. Nos podemos encontrar por tanto, con situaciones en las que el niño puede pasar de estados de euforia a estados de bajón que no puede controlar por sí mismo.

Ante estas situaciones, los padres pueden sentirse desbordados o agobiados con las conductas de sus hijos, por lo que podríamos actuar de la siguiente manera para tratar de solventarlo:

-En la medida de lo posible es fundamental mantener ciertos horarios, sobre todo los del sueño, a pesar de las eventualidades que puedan presentarse. De igual modo, es importante demostrarle a tu hijo que estamos empatizando con él y comprendiendo lo que le está sucediendo, eso le ayudará a equilibrar y a gestionar sus emociones.

-Ofrecerles su objeto de apego, ya sea un chupete, un peluche o una gasa, será una buena manera de ayudar a los pequeños a mantenerse más calmados ante situaciones nuevas para ellos.

-Cuando es difícil que consigamos mantener las rutinas del sueño, transmitirles seguridad a nuestro hijo estando tranquilos y diciéndoles en todo momento lo que va a ocurrir, dónde va a dormir y porqué, es la mejor opción. Eso sí, también tendremos que armarnos de unas buenas dosis de paciencia y humor.

De todas maneras, no debemos olvidar que son situaciones puntuales y que todo volverá a la calma cuando se estabilicen de nuevo las rutinas, los horarios y los espacios familiares.

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