Llegó el bebé...

La llegada de un nuevo miembro a la familia es un acontecimiento que siempre nos «descoloca» a todos para poder hacer hueco al bebé que llega. Con el paso del tiempo aprenderemos a vivir todos juntos y a «colocarnos» en nuestro nuevo lugar. Nos pasa cuando nos convertimos en padre o madre por primera vez y nos vuelve a suceder con la llegada de cada hijo.

 

         El tiempo que tardemos en adaptarnos depende en gran medida de cómo estuviéramos de preparados previamente: si el embarazo ha sido deseado o ha venido «de sorpresa», si llega en un momento personal de calma o de estrés, si la pareja atraviesa una etapa dulce o inestable… son muchas las variables que intervienen en esta ecuación. A todo esto, añadimos que durante el posparto nuestro cuerpo se convierte en una revolución hormonal y que el cansancio no nos permite pensar con claridad.

         Lo que está claro es que cuanto más preparados estemos para recibir este cambio en nuestra vida, mucho mejor.

         Y si a nosotros nos cuesta adaptarnos a nuestra nueva vida, imaginad cómo debe ser la historia para ese pequeño o esa pequeña que se convierte en hermano/a mayor por primera vez (o segunda, o tercera…).

La llegada del nuevo bebé

         De repente, entra un nuevo bebé por la puerta de casa y, como por arte de magia, todo su universo conocido se desintegra. Pasan de ser el Sol, alrededor del cual giran los planetas mamá y papá en una órbita de protagonismo absoluto, a ser un satélite que da vueltas alrededor de papá o mamá, mientras ellos giran en torno a una nueva estrella.

         Duro, ¿verdad? Pues eso no es todo. Lo más complicado es que según la edad que tengan, a menudo, ni siquiera están preparados para entender qué está pasando. Y su forma de percibir e interpretar el mundo que les rodea puede llevarles a conclusiones equivocadas pero que, desde su punto de vista, tienen mucha lógica.

·  «Mamá, que antes siempre me cuidaba a mí ahora solo cuida del bebé y casi ni me mira: ya no me quiere, ahora quiere al bebé «.

·  «Papá, que antes siempre me ayudaba a hacer las cosas me dice que ya soy muy mayor y tengo que aprender a hacerlo sola: me gustaría seguir siendo un bebé «.

·  «La abuela, que antes siempre corría a cogerme en brazos cuando venía de visita ahora corre a coger al bebé y a mí me dice que tengo que portarme bien porque soy el hermano mayor: ojalá se fuera el bebé para siempre«.

         Es normal que se sientan perdidos, confundidos, asustados… Es normal que se enfaden con nosotros, hemos hecho volar por los aires su entorno de seguridad. Y es normal que tengan sentimientos contradictorios hacia el bebé, pues al fin y al cabo, es el origen de todos sus nuevos problemas.

Primeros días en casa con el bebé

         Los primeros días, las primeras semanas e incluso los primeros meses con un bebé pueden resultar completamente agotadores y es inevitable que tengamos menos tiempo (mucho menos tiempo) para dedicarle a nuestro hijo mayor. Los primeros días de inicio de la rutina en casa pueden ser realmente duros para todos, también para el recién estrenado hermano, así que cuanto más fácil se lo pongamos, mejor que mejor:

·         Pide a las visitas, sobre todo a las de confianza, que saluden primero al mayor o a los mayores de la casa. Sabemos que todos están deseando conocer al nuevo miembro de la familia, pero, seamos honestos, todos sabemos que el recién nacido lo único que quiere y necesita es estar tranquilo cerca de su madre; las visitas, le importan tirando a nada y, si me apuras, lo mismo hasta le molestan. En cambio, el mayor necesita que le demostremos que sigue siendo importante para todos, aunque la familia haya aumentado. No cuesta nada saludarlo, como han hecho siempre, prestarle atención y, a continuación, pedirle que les presente a su nuevo hermanito.

 

·         Repartid el trabajo. Si sois dos y tenéis dos hijos, uno con cada uno. Lo natural es que el bebé demande estar con mamá a todas horas, así que habitualmente es la pareja quien se hace cargo en mayor medida de atender las necesidades del mayor. Puede resultar agotador, sobre todo los primeros días, pero a la larga, compensa centrarnos en establecer bien las bases de la nueva organización familiar. La casa puede esperar, pero un niño que entiende que, aunque todo haya cambiado sigue siendo escuchado y tenido en cuenta nos hará la convivencia mucho más fácil durante los próximos meses.

·         No esperéis de él más de lo que solía hacer. Tiene solo un día más que antes de que naciera su hermano. Y es muy frecuente ver cómo, de repente, de un día para otro, escuchamos aquello de «tú ya eres mayor, tienes que hacer esto solito». Fomentar su autonomía y desarrollo es maravilloso, pero forzar sus ritmos por el solo hecho de que ahora tenemos que atender a otro bebé no es ni justo ni positivo. En todo caso, podemos pedir su colaboración y alentarles a seguir aprendiendo a hacer cosas por sí mismos; pero siendo conscientes de que la necesidad es nuestra y debida a la nueva situación.

 

·         Involucrarle, si quiere, en el cuidado del bebé. Puede ayudar a cambiarle el pañal, a bañarlo, cantarle una canción… si se llevan poco tiempo la ayuda será simbólica pero sentirse útil y cuidar de su hermano puede ayudarle a llevar mejor este proceso.

 

 

·         Seguid hablando de las cosas que solíais hablar antes. «¿Cómo te ha ido en el cole? ¿Con quién has jugado hoy?». Que las conversaciones no giren, de pronto, única y exclusivamente, sobre el bebé. «¿Estás contento con tu nuevo hermanito?», «¡Anda, qué suerte!». Sentir que no ha desaparecido toda la atención exclusiva que recibía antes le ayudará a adaptarse más rápido a la llegada del bebé.

 

·         Mostrarle fotos de cuando era un bebé, contarle que hacía las mismas cosas que ahora hace su hermano y necesitaba que lo cuidaran igual puede ayudarle a entender que es una etapa, que pasará y que no lo hemos «sustituido» por el nuevo miembro de la familia.

Creciendo juntos

         Toda la etapa del embarazo, el nacimiento y el posparto solemos ser conscientes de lo importantes que son todos los acontecimientos que estamos viviendo. La vida se abre paso y no nos deja desconectar de su maravillosa fuerza. Pero con el tiempo, se nos termina el permiso maternal, volvemos a la rutina y vamos desconectando de la magia que lo envuelve todo en los primeros días y semanas. Y es ahí, en realidad, cuando comienza todo, cuando el bebé va creciendo y empieza a interactuar de forma más consciente y a acaparar protagonismo de manera similar a sus hermanos mayores. Ya no solo llora, come y duerme, sino que empieza a hacer monerías y es en este momento cuando muchos hermanos mayores lo pasan peor.

         Es normal que aparezcan celos, rabietas, llamadas de atención e incluso «retrocesos» emocionales. De nosotros depende acompañarlos bien en esta etapa. Algunas ideas:

  • Dedicar tiempo «exclusivo» al mayor. Puede ser algo tan simple como ir a hacer la compra mientras el pequeño queda al cuidado de otra persona. Pero házselo saber: «¿Quieres venir a comprar solo con mamá (o con papá)?» Durante el tiempo exclusivo procura dedicarle toda tu atención y que sea un momento divertido. Probablemente, echa mucho de menos esos momentos de complicidad contigo y necesita recuperarlos, aunque sea en pequeñas dosis (cabe la posibilidad de que responda «¡No!», a lo que podemos responder que, cuando le apetezca y podamos, tenemos muchas ganas de hacer cosas a solas con él o ella).

 

  • Hablar con ellos sobre la nueva situación, desde la empatía. Decirles que nosotros también estamos adaptándonos a ser una familia de 4 o de 5… «Echo de menos los ratitos que pasábamos juntos, sin interrupciones, antes de que llegara el bebé, ¿y tú? Cuando el bebé crezca un poco más, volveremos a tener más tiempo».
  • Invitarles a hablar sobre sus emociones y respetarlas. Tienen derecho a sentirse enfadados, asustados, tristes… de cómo les acompañemos dependerá que la etapa tarde más o menos tiempo en cerrarse.

 

  • Paciencia, paciencia y más paciencia. Es un momento difícil para él y lo último que necesita es que nos pasemos el día enfadado por su conducta. Con mucho amor y respetando sus tiempos, todos acabaremos disfrutando de estar juntos.

         Durante la crianza seguirán surgiendo conflictos, es natural, pero acompañarlos bien en esta etapa es fundamental para que puedan construir unos cimientos fuertes y hermosos para una relación que durará toda la vida: la relación de hermanos.

 

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